Eficiencia y bienestar suelen presentarse como opuestos. La idea común es que ser eficiente exige trabajar bajo presión, con un ritmo insostenible y un costo personal alto. Pero cuando se examina qué es realmente la eficiencia, esa oposición se disuelve: lejos de excluirse, eficiencia y bienestar pueden complementarse y nutrirse mutuamente. Ese es el principio que da origen al concepto de Desempeño Elegante, y el objeto de este artículo. Ser eficiente sin renunciar al bienestar no es solo posible: es la vía más sólida hacia un alto desempeño que sostiene resultados y que, al mismo tiempo, cuida la calidad de vida personal y profesional de quien lo construye.
Eficiencia y bienestar: una alianza poco explorada
Aunque la palabra eficiencia suele usarse en contextos laborales, merece ser pensada también como motor de crecimiento personal. Ser eficiente, cuando se construye con conciencia y método, permite alcanzar las metas respetando el ritmo propio, la energía disponible y la calidad de vida.
Ya lo mencioné en mi artículo sobre el alto desempeño: la «productividad» tradicional tiende a separar resultados y bienestar. En cambio, un Desempeño Elegante los une y abre paso a una eficiencia auténtica y sostenible.
En artículos posteriores desarrollaré los principales pilares de este enfoque y cómo dar los primeros pasos. Hoy quiero invitarte a conocerlo: la propuesta es construir un sistema que entregue los resultados que persigues, mediante un proceso fluido y saludable que sostenga el desempeño en el tiempo, en lugar de erosionarlo.
El origen del concepto de Desempeño Elegante
Acuñé el concepto de Desempeño Elegante en 2020, durante la pandemia de COVID-19. En aquel momento me invitaron a intervenir en distintos grupos académicos y profesionales para acompañar a las personas en la tarea de retomar sus actividades con serenidad y claridad, pese a las dificultades del contexto.
Aunque llevaba años compartiendo los fundamentos de este enfoque (1), fue al releer un ensayo de la Dra. Françoise Kourilsky – consultora empresarial y autora de varias obras sobre gestión del cambio y realización personal – que encontré la formulación que faltaba. En su texto invita literalmente a «asociar elegancia y rendimiento» (2). Esa frase condensaba lo que yo venía articulando: un modo de alcanzar resultados respetando la salud, la energía y el bienestar de la persona.
Son dos las razones por las cuales me interesé temprano en las cuestiones de desempeño y busqué alternativas al modelo tradicional.
La primera es vivencial: durante años sostuve un alto rendimiento tradicional, hasta comprender sus límites y el costo físico y emocional que conllevaba. La segunda es profesional: a lo largo de mi experiencia acompañando tanto a universitarios como a dueñas y dueños de negocio, observé una constante preocupante. La cultura del rendimiento en la que operaban, y en la que siguen operando hoy, proponía modelos poco realistas, a menudo ineficientes y en muchos casos, perjudiciales. Y si bien las personas lograban resultados visibles, lo hacían a un costo demasiado alto: su salud, su bienestar y, por extensión, el de su círculo inmediato (pareja, hijos, colaboradores, empleados).
Desde mi perspectiva, es insostenible e incomprensible: existen alternativas más viables y humanas, como lo es la construcción de un Desempeño Elegante.
De la performance al desempeño: una traducción significativa
Cuando comunico este concepto en francés, utilizo el término performance, que abarca dos dimensiones: rendimiento y desempeño. La diferencia importa, y la complementariedad entre ambos es crucial.
Tomemos un ejemplo académico. Un estudiante puede memorizar una lección en vísperas de un examen y sacar, en consecuencia, una excelente calificación – buen rendimiento – sin haber realizado por eso un verdadero aprendizaje – mal desempeño. El verdadero aprendizaje supone una comprensión e integración profunda y duradera del conocimiento. Pero hay más: ese mismo estudiante puede llegar a un aprendizaje aparentemente satisfactorio pero mediante un proceso agotador y estresante, lo cual le dificultará sostener esa misma capacidad de aprendizaje en el futuro. Tampoco ahí podríamos hablar de un buen desempeño, sino apenas de un rendimiento que difícilmente se sostendrá en el tiempo. Una performance académica de alto nivel – es decir, un alto desempeño – supone unir tres elementos: aprendizaje afianzado, buenas calificaciones y capacidad de reproducir y sostener lo anterior en el tiempo. Esto último no exige solamente constancia: exige también energía física y mental.
En otras palabras, performance reúne rendimiento y desempeño. Puesto que el término performance no existe en español, escogí sustituirlo por desempeño, poniendo así de relieve lo que me parece más relevante en el concepto de performance elegante: la capacidad de una persona de realizar de manera satisfactoria las tareas – personales, académicas o profesionales– que se le asignan o que ella misma se asigna, mediante un proceso óptimo que aquí llamaremos «elegante».
¿Qué significa un desempeño elegante?
Entendemos por Desempeño Elegante la capacidad de una persona para realizar tareas, resolver problemas y alcanzar objetivos sin perjudicarse a si misma en términos de salud y bienestar.
La persona que construye su proceso de crecimiento sobre este enfoque es eficaz – logra lo que quiere lograr– y además es eficiente – optimiza los recursos de los cuales dispone. En ese sentido, no es muy distinta de cualquier persona con un alto rendimiento. La diferencia está en otro lugar: en cómo entiende y cómo construye su eficiencia. Según el principio fundamental del Desempeño Elegante, esa eficiencia no puede construirse en perjuicio de la salud ni del bienestar.
Donde una persona común con un rendimiento tradicional buscará sistemáticamente aumentar su eficiencia reduciendo, por ejemplo, el tiempo que dedica a una tarea – corriendo el riesgo de presionarse y desgastarse –, una persona que cultiva un Desempeño Elegante se enfocará en aumentar la capacidad de impacto de esa tarea – resultados y beneficios– sin reducir forzosamente el tiempo que le dedica. Su criterio no es reducir el tiempo de ejecución; su criterio es implementar la manera más adecuada, en este momento dado, de unir resultados, salud y bienestar. La estrategia elegida puede entonces cambiar según las circunstancias. En otro contexto, esa misma persona puede optar por apoyarse en los mecanismos de una productividad tradicional – hacer más en menos tiempo –, pero para ella se tratará apenas de una estrategia circunstancial, no de un sistema de trabajo: en un periodo de ventas para quien tiene un negocio, en una temporada de cierre para quien opera un proyecto.
A diferencia del enfoque tradicional, el Desempeño Elegante pone al rendimiento al servicio de la persona, y no a la persona al servicio del rendimiento.
La elegancia como principio del desempeño humano
En otras palabras, la elegancia de la cual estamos hablando aquí es, en primer lugar, una atención cuidadosa hacia uno mismo, que permite conciliar el alcance de metas importantes con una calidad de vida y de trabajo plena.
Pero se trata también de una elegancia relacional, puesto que la persona que logra lo que quiere lograr gracias a un dominio sereno del proceso que está llevando a cabo difícilmente perjudica la calidad de vida y de trabajo de los demás.
La elegancia es una cortesía, tanto hacia los demás como hacia uno mismo. En cuestiones de desempeño, es tener el cuidado de no sacrificarse ni sacrificar a los demás en el altar de un rendimiento incoherente, insostenible y a menudo ineficiente.
La elegancia, en este contexto, no es un adorno: es una forma de respeto. Es actuar con precisión e impacto, cuidando tanto los resultados como el proceso. Una persona que cultiva un Desempeño Elegante hace un uso eficiente y sereno de sus recursos internos y externos. Mantiene en buenos niveles su salud física, mental y emocional. Y no sacrifica su calidad de vida ni la de los demás en su búsqueda de resultados.
Como afirmaba Françoise Kourilsky: «Si tenemos que luchar contra nosotros mismos para hacer algo, estamos cometiendo un error de método». Sin embargo, buena parte de las recomendaciones actuales, tanto en el mundo académico como en el empresarial, siguen promoviendo un rendimiento que confunde el sobreesfuerzo con la eficacia y que genera confusión, agotamiento y estrés. En demasiados casos, también resultados insuficientes o nulos. El Desempeño Elegante propone otra vía.
Hacia un nuevo paradigma del desempeño
Adoptar este enfoque supone un desplazamiento que no es menor. Implica dejar de medir el desempeño por la cantidad de esfuerzo invertido y empezar a medirlo por la adecuación de la acción a las circunstancias. Implica reconocer que la salud y el bienestar no son lo que queda después del trabajo bien hecho sino la condición de posibilidad del trabajo bien hecho.
En la práctica, el Desempeño Elegante se construye con decisiones conscientes, sistemas que se ajustan a la singularidad de cada persona y de cada etapa, y un compromiso sostenido con la calidad del proceso. No se improvisa, y tampoco se aplica como receta: se cultiva en el tiempo, ajustándose a cada etapa del recorrido personal y profesional.
¿Cómo se ve eso en tu día a día? ¿Reconoces en tu manera actual de trabajar las señales de un rendimiento que se sostiene a costa de tu salud o las de un desempeño que respeta lo que eres y lo que quieres construir?
Esa pregunta – y las que se derivan de ella – es el terreno sobre el cual se construye un Desempeño Elegante propio. Los próximos artículos de esta serie van a explorar sus dimensiones operativas: cómo se reconoce, cómo se cultiva, cómo se sostiene.
Isabelle Lecurou-Choveau, Ph.D. Coach Profesional Certificada. Experta en Acompañamiento No Directivo Sin Transferencia. Asesora y formadora en cuestiones de desempeño académico y profesional. Español / Français
1) Empecé en 2017 con el concepto de productividad saludable, que amplié en 2020 a la idea de un emprendimiento saludable. Estos conceptos forman parte de la trayectoria de pensamiento que desembocó, también en 2020, en la articulación del Desempeño Elegante.
2) Françoise Kourilsky fue consultora empresarial y autora de varios libros sobre gestión del cambio, rendimiento profesional y realización personal. En su ensayo de 2014 L’accomplissement personnel: se réjouir, s’apaiser, réussir, titula un capítulo: » Associer élégance et performance» y prosigue (traduzco): «Tendemos demasiado a creer que los esfuerzos son siempre indispensables para obtener resultados y éxitos. Así, cuando algo formidable se ha logrado sin esfuerzo, decimos que es un milagro, como si fuera imposible que pudiéramos lograr mucho sin hacer nada en concreto. El buen desempeño es indisociable de la elegancia, es decir, del minimalismo del esfuerzo adecuado. Si tenemos que luchar contra nosotros mismos para hacer algo, estamos cometiendo un error de método.»
