«Quiero ser más productivo» es una de las solicitudes más frecuentes entre los dueños y dueñas de empresa que llegan a mi práctica. La palabra productividad se ha vuelto el término por defecto para hablar de capacidad de trabajo, desempeño o rendimiento y rara vez se cuestiona.
No vengo a cuestionar el uso extendido del término. Vengo a mostrar lo que oculta. Porque lo que observo, sesión tras sesión, es que esta obsesión por la productividad termina generando más estrés que resultados y que, mal entendida, corta de raíz lo que se supone que debería producir: éxito y realización.
EFICACIA, EFICIENCIA Y PRODUCTIVIDAD
Eficacia, eficiencia y productividad son tres conceptos muy utilizados en el ámbito empresarial (1) que remiten a realidades distintas aunque estrechamente relacionadas:
- La eficacia es la capacidad de alcanzar los objetivos que uno se fija o, en el marco de una organización, que le asignan. Aquí no importa el cómo sino la consecución del objetivo: si alcanzas los objetivos que te fijaste para tu proyecto de vida o tu proyecto empresarial — «no importa cómo» — eres una persona eficaz.
- La eficiencia es la capacidad de alcanzar esos mismos objetivos haciendo uso de la menor cantidad posible de recursos, o potenciando al máximo los recursos de los que dispones. Aquí el cómo sí importa: en las organizaciones se aprecia principalmente el ahorro de tiempo y dinero, pero en cuestiones de eficiencia personal, qué decides ahorrar o potenciar para alcanzar tus objetivos queda bajo tu propio criterio.
- La productividad remite a la capacidad de producción de bienes de una empresa. Es una medida: describe y evalúa el volumen de la actividad.
Eficacia y eficiencia son conceptos cualitativos. Productividad es un concepto cuantitativo. Esta distinción tiene consecuencias.
PRODUCTIVIDAD, ESTRÉS Y RENDIMIENTO INSUFICIENTE
La idea de ser productivo no es mala en sí pero falla en dos puntos de gran impacto.
El primero: mal gestionada, la productividad lleva a una sobreactividad desgastante y estresante que, además, no siempre va acompañada de resultados efectivos. No es cierto que a mayor cantidad de trabajo ejecutado, mayores resultados. Sucede en determinadas tareas – y vale la pena identificar cuáles, en tu negocio y en tu vida – pero no es una ley general. En la mayoría de los casos, no importa tanto cuánto trabajas sino cómo lo haces: no se trata de cantidad (productividad) sino de calidad (eficacia y, sobre todo, eficiencia). Es la razón por la que has trabajado largas horas en proyectos que nunca llegaron a los resultados esperados.
El segundo: la productividad entendida como capacidad de trabajo (rendimiento, desempeño, performance) no contempla que un buen desempeño – y aún más un alto desempeño – exige bastante más que ser productivo. Una persona o un equipo de alto rendimiento se considera así no sólo porque cumple sus objetivos, sino por la manera en que lo hace: a) hace lo que tiene que hacer (no improvisa, no procrastina, tiene claras sus prioridades, va al grano); b) lo hace de manera eficaz (cumple las tareas, alcanza los objetivos, obtiene los resultados deseados); c) lo hace de manera eficiente (ahorra y potencia los recursos disponibles: tiempo, dinero, número de personas involucradas).
Ser productivo puede ayudar a encaminarse hacia un alto desempeño, pero no basta. Hace falta ser también eficaz y, idealmente, eficiente:
«No puede haber eficiencia sin eficacia pero se puede ser eficaz sin ser eficiente. Más importante aún, se puede ser productivo pero ineficaz e ineficiente» (2)
LA TRAMPA DE LA FALSA EFICIENCIA
Una de las formaciones que más me solicitan en posgrados se llama Eficiencia sin estrés. Lo primero que explico a quien la toma es que no se puede experimentar estrés cuando se es realmente eficiente. Cuando la eficiencia es genuina, el estrés no aparece. La pregunta entonces es qué pasa cuando lo que llamamos eficiencia no lo es.
En el mundo empresarial e institucional tradicional, los criterios de eficiencia se definen de afuera hacia adentro: desde los mandos altos o medios hacia los empleados. Quien fija los objetivos y el uso – muchas veces ahorrativo – de los recursos (tiempo, dinero, material, personal) no es quien debe operar con «eficiencia» para alcanzarlos. Y aunque la decisión se tome en conjunto por un equipo, ese proceso rara vez es verdaderamente colaborativo ni integra la singularidad de cada uno de sus miembros.
Aunque seas tu propio jefe, probablemente tiendes a procurar ser «eficiente» desde ese mismo enfoque: guiándote por recomendaciones, consejos o exhortaciones externas, suponiendo que así deberías operar para lograr lo que quieres. La cultura empresarial y las redes sociales están llenas de mensajes que apuntan en esa dirección. En esos contextos, la exigencia de «eficiencia» suele generar niveles altos de estrés, no se sostiene en el tiempo y termina siendo contraproducente en términos de resultados.
Y no es por nada: eso no es eficiencia.
Sigue siendo una mezcla de eficacia y productividad disfrazadas: un enfoque mecánico, técnico y cuantitativo aplicado a un proceso que depende en gran parte de un factor en el que cuenta también lo tácito, lo sensible y lo cualitativo: el factor humano.
La eficiencia como tal sólo puede engendrarse y sostenerse de adentro hacia afuera: tú fijas los objetivos que quieres alcanzar, tú valoras los recursos que puedes y quieres utilizar, y sobre todo tú determinas cuáles ahorrar o potenciar, de qué manera, cuándo y durante cuánto tiempo. Gracias a esa autodeterminación de los objetivos y a la autogestión del proceso que lleva a ellos, no solamente logras lo que quieres lograr; lo haces mediante un desempeño potente, saludable y muchas veces placentero. Eso es lo que llamo un Desempeño Elegante.
Productividad y eficacia tienen su razón de ser y su utilidad. No se puede ser eficiente sin ser eficaz, pero sí se puede ser productivo sin ser ni eficaz ni eficiente. La distinción tiene implicaciones que van más allá de los resultados de tu negocio: cuando el desempeño se comprende o se gestiona de forma equivocada, el estrés, sus síntomas y sus secuelas están siempre a la vuelta de la esquina.
Ser eficiente no solamente permite alcanzar las metas: permite alcanzarlas mediante un proceso respetuoso del bienestar y la calidad de vida de quien las persigue.
En este artículo me enfoqué en aclarar las confusiones que suelen existir alrededor de este tema y en mostrar las consecuencias que provoca esa confusión. Falta examinar cómo se construye una eficiencia genuina, una que se sostiene en el tiempo porque opera de adentro hacia afuera. Eso es lo que llamo un Desempeño Elegante, y es el tema del siguiente artículo de esta serie.
¿En qué momento de tu trayectoria como dueño o dueña de negocio dejaste de cuestionar la palabra «productividad» y empezaste a vivir sus efectos?
Isabelle Lecurou-Choveau, Ph.D. Coach Profesional Certificada. Experta en Acompañamiento No Directivo Sin Transferencia. Asesora y formadora en cuestiones de desempeño académico y profesional. Español / Français
- Para este capítulo me apoyé en el artículo siguiente: Concepto de eficacia, eficiencia y productividad. Enciclopedia Concepto, 2021
- Eficacia, eficiencia y productividad, Enciclopedia Concepto, 2021

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