Por qué el mismo principio pide caminos distintos según desde dónde sientas la fricción
Hay un patrón que aparece una y otra vez entre los dueños y dueñas de negocio con quienes trabajo. Tienen sus proyectos en marcha, saben lo que quieren lograr y, sin embargo, algo no termina de fluir. Lo interesante es que cuando observas más de cerca, esa fricción no se siente siempre en el mismo lugar.
A veces el obstáculo está claramente en el negocio: una decisión que no termina de tomar forma, un objetivo nítido pero todavía no operativo, una etapa de crecimiento que exige cambios profundos, una dificultad recurrente para liderar al equipo con eficacia.
Otras veces el obstáculo es más difuso, más interno. El negocio funciona. Los proyectos avanzan. Pero la persona que los sostiene está operando desde un lugar que la agota, sin un sistema propio que le permita crecer sin que eso le cueste la salud o el equilibrio.
Dos situaciones distintas. Y sin embargo, las dos llevan al mismo lugar: la necesidad de encontrar una manera de avanzar que no se convierta en desgaste crónico.
Y esa manera existe: es, en esencia, lo que llamo un Desempeño Elegante.
El hilo que lo conecta todo
Un mismo principio, dos tipos de fricción
Como ya lo he expresado en artículos anteriores, el Desempeño Elegante nombra una capacidad: la de realizar lo que te propones – en tu negocio, en tu vida, en cualquier proyecto que te importe – sin perjudicarte en términos de salud y bienestar.
Pertenece a un orden distinto del de las técnicas y los protocolos de productividad: donde estos ofrecen un paso a paso replicable, el Desempeño Elegante describe la manera en que avanzas cuando lo que haces respeta tu energía y tu criterio.
Lo que me interesa subrayar hoy es algo que la práctica me ha dejado ver con claridad: este principio aplica en todos los frentes de la vida de un empresario, pero la manera en que se manifiesta no es la misma según dónde sientas la fricción. A veces la sientes en un punto concreto del negocio —una decisión, el liderazgo del equipo, una etapa que no termina de cuajar—. Otras veces la sientes en algo más de fondo: en el sistema mismo desde el cual sostienes todo, el negocio incluido.
En ambos casos, el objetivo es el mismo: avanzar sin desgaste. Pero no se trabaja desde el mismo punto de entrada. Y reconocer cuál es el tuyo es lo que evita perder tiempo y energía en el frente equivocado.
Cuando la fricción está en el negocio
Claridad y precisión para actuar sin dispersión
Imagina a alguien que lleva varios años dirigiendo su empresa. Sabe lo que quiere lograr – delegar una parte de las operaciones, pivotar hacia un nuevo mercado, reestructurar su equipo – pero cada vez que intenta avanzar, algo se traba. Consulta con expertos, lee, investiga. Y, sin embargo, cuanto más información recibe, más ruido hay en su cabeza y más difícil le resulta tomar una decisión que sienta realmente suya.
En este caso, la fricción está en el plano operativo. El problema no es que no sepa lo que quiere, sino que no logra traducirlo en un objetivo lo bastante claro y concreto como para que guíe sus decisiones y sus acciones.
Alguien así no llega buscando un desempeño más sano ni una mejor manera de operar su vida. Llega para resolver. Detenerse a pensar en cómo sostiene su desempeño le sonaría a perder un tiempo que no tiene: quiere salir del atasco y avanzar, y lo demás le parece secundario.
Sin embargo, eso que él considera secundario es justo lo que termina caracterizando su manera de resolver lo que vino a resolver. Porque al fijar un objetivo engendrado desde sí mismo – no impuesto por un experto externo, ni reñido con sus circunstancias reales – activa una manera de pensar, decidir y actuar coherente y fluida, que deja de exigirle un esfuerzo de convencimiento constante y se sostiene sola, sin desgaste ni agotamiento. El cliente alcanza su objetivo – ese era el trato – y, sin habérselo propuesto, lo alcanza desempeñándose con elegancia. El Desempeño Elegante no es lo que vino a buscar pero es la forma en que, de paso, terminó consiguiéndolo.
Lo curioso es que, aunque no lo persiga, lo reconoce al final. No sabría ponerle nombre, pero lo siente: la tensión bajó, las decisiones pesan menos, avanza sin esa lucha contra sí mismo. No vino por eso. Pero es lo que se lleva.
Cuando la fricción está en la vida
Construir el mapa propio, de adentro hacia afuera
Ahora imagina otra situación. Un dueño con seis años de trayectoria, un equipo que funciona, proyectos claros. Y, de pronto, un padre que empieza a necesitar cuidados. Sabe perfectamente qué quiere lograr en su negocio. Lo que no existe todavía es el sistema de vida y de trabajo que le permita sostenerlo todo de manera saludable y sin desgaste. Para eso no hay manual externo que sirva, porque el sistema que necesita depende enteramente de cómo él funciona, de sus prioridades reales, de su ritmo, de lo que está dispuesto a sostener y de lo que ya no.
O alguien que dirige una mediana empresa desde hace más de diez años y decide hacer un MBA. La pregunta no es si puede con los dos; es cómo sobrellevar ambas cosas sin que ninguna se lleve lo mejor de él y sin que el estrés se vuelva el precio permanente de su crecimiento. A diferencia de quien solo quiere resolver y seguir, esta persona no vive el detenerse como una pérdida de tiempo. Lo vive como la única manera de sostener, sin romperse, lo que de verdad le importa.
En estos casos, la fricción no está en el negocio. Está en el sistema desde el cual sostiene todo lo demás. Y aquí el Desempeño Elegante deja de ser un efecto del camino para volverse el camino mismo. No porque la persona llegue pidiéndolo con ese nombre – es muy probable que no lo conozca –, sino porque lo que viene a construir, eso que quiere resolver de manera consciente y deliberada, cae dentro de ese territorio: quiere dejar de avanzar a un costo que lo consume; quiere una manera de sostener lo que importa que no lo desgaste. Le pongas el nombre que le pongas, eso es un Desempeño Elegante.
No llega pidiendo claridad operativa. Llega queriendo construir el mapa, el sistema, el manual propio que le permita crecer sin destruirse en el camino.
Y aquí está la diferencia fundamental: ese sistema no puede venir de afuera. No existe un modelo que funcione para todos, porque lo que está en juego es demasiado singular, demasiado vinculado a quién es esa persona, cómo funciona, qué valora y cómo quiere vivir. Tiene que construirse desde adentro, tiene que “engendrarse”, como decimos en el acompañamiento no directivo.
Lo que cambia en este frente no es solo el punto de partida. Aquí el trabajo no gira en torno al negocio y sus objetivos, sino en torno a la persona y su manera de sostenerlo todo: se trata de que llegue a ser, de manera deliberada y sostenida, su propia autoridad respecto a cómo quiere operar su vida. Y de que lo que construya en ese proceso le pertenezca completamente, de modo que pueda sostenerlo mucho más allá del acompañamiento.
Lo que los dos caminos tienen en común
El principio es el mismo. El punto de entrada, no
Sea cual sea el frente desde el que se trabaje, el principio que guía el proceso es siempre el mismo: avanzar en lo que importa sin que eso cueste la salud ni el equilibrio. Sin desgaste innecesario. Desde un lugar que le pertenece a la persona.
La diferencia está en dónde está la fricción en el momento en que se inicia el proceso, y por tanto, en cuál es el punto de entrada más pertinente.
Cuando la fricción está en el negocio – en una decisión, un objetivo, una etapa de crecimiento–, el camino más directo es trabajar en aclarar, decidir, actuar. En este frente, el Desempeño Elegante no es la expectativa inicial de la persona. Sin embargo, se da discretamente como consecuencia del proceso, gracias a la fluidez que abre la no directividad.
En cambio, cuando la fricción está en el sistema de vida – en cómo la persona sostiene todo sin disponer de un mapa propio – el Desempeño Elegante es la meta: la persona viene a construirlo de manera deliberada, porque intuye que ese sistema es la condición para sostener todo lo demás sin romperse.
En los dos casos, lo que el proceso hace posible es lo mismo: actuar con precisión e impacto, cuidando tanto los resultados como la persona que los hace posibles.
Antes de buscar el método, identifica el frente. ¿Desde dónde sientes más fricción en este momento: en lo que necesitas resolver o alcanzar en tu negocio, o en el sistema desde el cual estás sosteniendo todo lo demás?
Isabelle Lecurou-Choveau, Ph.D. Coach Profesional Certificada. Experta en Acompañamiento No Directivo Sin Transferencia. Asesora y formadora en cuestiones de desempeño académico y profesional. Español / Français
Este artículo forma parte de una serie sobre el concepto de Desempeño Elegante. Los artículos anteriores: «Más allá de la productividad: el verdadero camino hacia el alto desempeño» y «Hacia un Desempeño Elegante: el arte de unir eficiencia y bienestar».

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